ABDUCCIONES

Publicado en por ORION

¿Quién se esconde tras las supuestas abducciones?

Año/Cero.- Muchos testigos de encuentros cercanos con OVNIs parecen haber experimentado una inexplicable pérdida temporal. Lo que ocurre con estas personas durante ese tiempo perdido es un misterio que aún no tiene respuesta. Recientemente, dos ufólogos brasileños han analizado con detalle más de 40 casos de personas que aseguran haber sido abducidas, y los resultados son sorprendentes. AÑO/CERO ha viajado hasta São Paulo para conocer de primera mano sus descubrimientos.

Pablo Villarrubia

Extraterrestres-2.jpgSiete de septiembre de 1970. Valéria, una joven de 17 años, se había peleado con su madre porque no la dejaba ir a un baile. Enojada, se subió al coche de su hermano y salió de São João da Boa Vista, en el estado de São Paulo, Brasil. Eran las 19:30 horas cuando la joven estacionó el automóvil en una solitaria carretera para fumarse un cigarrillo y calmar los nervios. De fondo se oía un sonido semejante al de los grillos que, poco a poco, fue aumentando su intensidad. A partir de ese momento su mente se quedó en blanco y no recobró el conocimiento hasta las 22:15, es decir, casi dos horas y media después.

¿Qué le ocurrió a Valéria? ¿Se desmayó? Tras el incidente, y durante muchos años, soñó con extrañas luces, lo que le llevó a consultar a un psiquiatra. Pero éste no supo dar respuesta a sus perturbadores sueños. Años después, Valéria decidió descubrir lo ocurrido y, junto al ufólogo Carlos Machado, acudió a un veterano hipnólogo dedicado a desvelar casos como el suyo: el abogado Mário Rangel.

Ya con 47 años, Valéria se sometió a una regresión hipnótica. En estado de trance recordó aquella lejana fecha a bordo del automóvil aparcado en las afueras de su pueblo. Después de oír el extraño zumbido, apareció en el interior de un recinto iluminado por una luz anaranjada. «Hacía mucho frío y sentía un hormigueo en mis manos. Estaba tumbada en una especie de cama, y no podía mover mi cabeza; fue horrible», aseguró. Al principio sólo pudo ver varias esferas luminosas que flotaban a su alrededor. De pronto sintió que le sujetaban las manos. Una «persona» se puso delante de Valéria: era bajita, con la cabeza grande y calva, y tenía ojos oscuros. Después le introdujeron por la nariz una especie de cable en cuyo extremo había una jeringuilla con un líquido verdoso. En la punta del cable había un pequeño objeto que debieron implantarle entre los ojos, pues mostró dolor en esa parte de su rostro al mismo tiempo que su nariz comenzaba a sangrar. A continuación, le hicieron un pequeño corte en el dedo gordo del pie. No sintió dolor ni sangró durante la operación. Una voz en su mente le decía que le estaban colocando dos pequeños implantes que les servirían para contactar con ella cuando lo desearan.

Una de las entidades la guió para que realizara un «viaje astral» y, de ese modo, ambos recorrieron juntos el sistema solar, en un periplo que los llevo a «Saturno y el Sol» y también al interior de la Tierra. Valéria se despertó nuevamente en su automóvil, pero sin el cigarrillo en la mano. Nunca llegó a conocer de forma consciente la historia que relató, y Mário Rangel prefirió dejarla guardada en su inconsciente

Sangre del tipo 0

Este es uno de los 43 casos que dos investigadores brasileños han decidido dar a conocer, abriendo parcialmente sus archivos sobre el tema de las abducciones. El psiquiatra Max Berezovsky y el hipnólogo y abogado Mário Nogueira Rangel han realizado un estudio en el que analizan directamente a docenas de supuestos abducidos. Una labor sólo comparable a la efectuada en EE UU por el psiquiatra John Mack y el escritor Budd Hopkins.

Rangel ha publicado recientemente Secuestros alienígenas: investigando ufología con y sin hipnosis, un libro editado por A. J. Gevaerd, director de la prestigiosa revista UFO. La obra, que recoge una serie de casos, en su mayoría inéditos, dedica una atención especial a incidentes de missing time, es decir, aquellos en los que se ha producido una pérdida temporal.

Tras el análisis de los datos, el hipnólogo ha descubierto un detalle sorprendente: la mayoría de los supuestos abducidos –casi un 73 por ciento de un grupo de 22 personas estudiadas– posee sangre de tipo 0, lo que les convierte en donantes de sangre universales. ¿Por qué los supuestos extraterrestres sentirían predilección por la gente con este grupo sanguíneo? Quizá la pregunta esté mal formulada, y debamos indagar por qué dichas personas son más propensas a sufrir estas experiencias. «Es el inicio de una nueva perspectiva para estudiar el fenómeno abducción. Ya estamos intercambiando datos con el Dr. Roger Leir, especialista en implantes», asegura Rangel.

Una noche en blanco

Otro de los casos investigados por el ufólogo brasileño es el de «Beatriz». El 23 de agosto de 1980, esta mujer acudió al hotel de Curitiba donde se alojaba Rangel. «Estaba muy nerviosa y decía que era una bruja, pues manifestaba fenómenos paranormales. Bajo hipnosis me contó que a los 18 años, en 1975, viajaba a Brasilia junto con un amigo llamado Barbosa, cuando su vehículo se paró y se quedó sin luces en mitad de la carretera. Bajó para empujar el coche y ponerlo en lugar más seguro, cuando sufrió una pérdida de memoria. Hasta la mañana siguiente no recobró la consciencia. Y lo mismo le ocurrió a su acompañante».


Según Rangel, la mujer describió un recinto sin puertas ni ventanas, de cuyas paredes emanaba una extraña luz. Lo único que pudo ver fue una especie de pantalla de televisión por donde entró volando un anillo que antes llevaba en sus manos. «Cuando despertó en el coche, se percató de que al anillo le faltaba una piedra de diamante que tenía. Y añadió algo muy curioso: Barbosa, el amigo que la acompañaba, fue internado en un hospital psiquiátrico poco después. Posteriormente intenté localizar a Beatriz, pero todos mis esfuerzos fueron inútiles...».

Los relatos de los supuestos abducidos suelen hacer alusión a dolorosos exámenes médicos.

Viaje a una «luna amarilla»

Los relatos de niños supuestamente abducidos no son muy habituales. Sin embargo, Rangel tuvo ocasión de investigar un suceso de este tipo. Cuando me desplacé hasta Brasil, el ufólogo brasileño me relató los detalles de un caso sorprendente. «En 1981 hipnoticé a Cláudia, la madre de un niño llamado Cristóvão, al que no conocí, ya que su madre no quería involucrarlo en la investigación. Me contó que a principios de 1978, estando en su casa de Curitiba, acompañó a su hijo hasta el ascensor para que bajara a jugar. Allí había un hombre que le pareció «raro» y que sonrió a Cristóvão. Más tarde, preocupada por la tardanza del niño, preguntó al portero y éste le dijo que no le había visto salir del ascensor».
«¿Y que le ocurrió al niño?», le pregunté.
«Estuvieron buscando al pequeño durante todo el día. Al mismo tiempo comenzaron a suceder fenómenos extraños en el apartamento: los objetos se movían solos y se escuchaba un sonido semejante a un bip, cuya fuente emisora nunca se logró identificar. Al día siguiente, a las ocho de la mañana y tras una noche de búsqueda en hospitales y comisarías, un empleado de la compañía eléctrica lo encontró dormido en la planta 24 del edificio cuando iba a hacer unas reparaciones».

Según dijo su madre, el niño despedía un olor muy fuerte y le contó una historia increíble: había entrado en un «cohete» que le llevó a una «luna amarilla», desde donde se dirigió hacia otra luna aún más grande. Dentro de ésta última encontró a una mujer y a un hombre que «no tenía boca». El pequeño explicó que los dos humanoides «pegaron cosas en su cabeza» y le dieron de comer «arroz y pescado», y de beber una «gaseosa roja». En ese lugar Cristóvão también vio a otros niños. Los seres le pusieron en una «camita», lo cubrieron con una manta y lo dejaron dormir. «Ellos vendrán a buscarme otra vez», confesó el niño a su aterrorizada madre. «Cláudia vio que el cuero cabelludo de su hijo tenía algunas marcas que antes no existían. Además, el pequeño se empeñaba en señalar a su madre, desde la ventana de su casa, el punto en el cielo donde había aparecido la «luna amarilla». Los fenómenos paranormales siguieron ocurriendo durante unos días para cesar después definitivamente», me contaba Rangel.

Curiosamente, en aquellas fechas la prensa recogió el avistamiento de OVNIs en toda la región. «En marzo de 2000 telefoneé a Cláudia para preguntarle por el tipo sanguíneo de Cristóvão y me dijo, para sorpresa mía, que era 0 negativo», asegura el ufólogo.

Encuentro en el bosque

Otro de los casos investigados por dichos estudiosos fue el de Vladimir, un universitario de 27 años. En octubre de 1985, cuando era un muchacho, se encontraba en una acampada de boy-scouts, en la región de Maracajú, en Mato Grosso do Sul. Un día, mientras estaba amaneciendo, se despertó en el exterior de la cabaña donde dormía, sentado en una silla, con los pies descalzos y las manos y rodillas sucios de tierra. Además tenía un intenso dolor de cabeza y los ojos irritados. Nunca pudo explicar que le había ocurrido y pensó que quizá era sonámbulo.

Cuando se sometió a la hipnosis, dijo que había visto una luz azulada en medio del bosque cercano. Vladimir sentía miedo y estaba descalzo, pero una fuerza incontrolable le atraía hacia la luz. Se tumbó boca abajo en el suelo y luego, paralizado, sintió que le arrastraban por los pies. Percibió que estaba bajo una luz azul y más tarde en un lugar cerrado. El suelo parecía de acero inoxidable. En ese momento aparecieron en escena dos humanoides.
Pedí a Vladimir que dibujara, en plena hipnosis, los seres que había visto: eran más bajos que él, calvos, de ojos grandes, oscuros y oblicuos, que no parpadeaban. Vestían una especie de malla negra pegada al cuerpo. El chico escuchó una voz emitida por las criaturas, pero ésta no salía de sus bocas, sino que penetraba directamente en su mente. Le ordenaron que se levantara y caminara con ellos hasta otra sala. Allí, sobre unas estanterías metálicas, vio unos cubos transparentes semejantes a peceras de cristal, tapados, con tierra y plantas», me explicó Rangel.

Dibujo sobre el caso Vladimir.

Entonces apareció un ser parecido a los otros, pero vestido de blanco. El muchacho, asustado, intentó agredir a uno de los seres, pero fue incapaz de mover el brazo. Uno de los humanoides le cortó un mechón de pelo mediante un tubo dotado de una pequeña hoz en la punta, y metió la muestra en una bolsita de plástico.

A continuación le tumbaron en una butaca inclinada y el ser de blanco le aplicó una especie de gel en la nuca. Acto seguido acercó el tubo y lo presionó. Desde allí le llevaron a otra sala donde le ordenaron que se desnudara y que se tumbara en otra butaca, donde palparon su cuerpo. Después le aplicaron el gel en las ingles y en uno de los testículos con un bastoncito, algo que resultó muy doloroso para Vladimir.

Pintando OVNIs

Max Berezovsky conoció en 1992 a María Adília Germana Hohagen, una pintora que entre 1963 y 1966 había observado un OVNI sobre São Paulo. A partir de ese momento comenzó a soñar con naves extraterrestres que después plasmaba en hermosos cuadros. El 13 de mayo de 1988 escuchó una voz dentro de su cabeza que le pidió que volviera a su casa. Así lo hizo, y desde allí observó un OVNI provisto de varias luces y del que salían esferas plateadas. Una regresión hipnotica desveló que la mujer había sido secuestrada y sometida a análisis médicos por seres de casi dos metros de altura.

Uno de los casos más extraños investigados por estos ufólogos brasileños fue el de Nádia Marzalle, quien les narró un extraño suceso ocurrido en 1969, cuando tenía 19 años, en una hacienda en Tres Lagoas (Mato Grosso do Sul). Una noche, acostada en su cama, fue sorprendida por una intensa luz mientras escuchaba un sonido extraño, parecido al zumbido de un escarabajo. Salió al exterior y vio un OVNI flotando sobre la hierba. De pronto fue «aspirada» por el objeto, y una vez en su interior vio a un ser con características similares a las humanas. Junto a él había otros dos hombres, más jóvenes, de pelo castaño y algo más altos que Nádia. Vestían monos blancos y hablaban, pero no pudo entender lo que decían.

«La sentaron en una butaca metálica y fría. Luego me contó que a través de una ventana vio cómo la nave se desplazaba y llegaba a otro mundo, cuyas casas no tenían techo. La nave parecía flotar sobre una gran campiña y el cielo estaba estrellado. El OVNI no aterrizó y, tras hacerle tomar un líquido verde de sabor desagradable, la devolvieron a la Tierra», explicó el hipnólogo a AÑO/CERO.

Abducción en la carretera

En 1986 Rangel y Berezovsky tuvieron la oportunidad de hipnotizar a Gonçalo, chófer de un importante ejecutivo de una multinacional. El testigo recordó lo que le ocurrió en diciembre de 1958 mientras conducía su camión. Había salido de Rio de Janeiro en dirección a Barbacena y, cuando circulaba por un tramo oscuro y solitario, vio una luz que volaba hacia él. En estado consciente Gonçalo sólo recordaba que se había despertado al día siguiente debajo del camión, sin saber cómo había llegado allí.

El testigo relató que la luz tenía forma de platillo y que de su interior bajaron tres pequeños humanoides, quienes abrieron la puerta del camión y le sacaron a la fuerza. Después de atarle, le arrastraron hacia el OVNI que, acto seguido, alzó el vuelo y fue a parar a «otra tierra». En aquel lugar el sol era azul, había «casas bonitas» y calzadas empedradas, pero no existían edificios altos ni aves. El aire era «difícil de respirar» y hacía un calor insoportable. Sus habitantes eran pequeños, de metro y medio de altura y piel tostada. Durante su estancia en ese lugar, Gonçalo fue custodiado por dos guardias, armados con algo semejante a espadas.

Gonçalo, un chófer de 47 años, describió bajo hipnosis una sorprendente historia de abducción por parte de tres pequeños humanoides.

Una mujer rubia y vestida de blanco inyectó al secuestrado un líquido de color amarillo. Le ofrecieron comida pero no la aceptó, y sólo tomó un vaso de agua. Durante la segunda sesión hipnótica, Gonçalo sudó copiosamente, como si realmente estuviera sintiendo el calor de aquel planeta. Tras un tiempo que no supo precisar, el abducido fue llevado a bordo de otro OVNI y devuelto a la Tierra. ¿Fue todo un sueño o hubo algo real en su historia? Lo cierto es que Gonçalo está convencido de que su experiencia fue real y no quiere hablar del tema con personas que no sean estudiosas; por eso prefiere seguir en el anonimato.

Pero, ¿qué opina Rangel sobre los supuestos secuestradores cósmicos? «Si las historias que cuentan los abducidos son auténticas, estamos siendo invadidos por un enemigo muy inteligente y astuto, que no tiene ninguna consideración por la raza humana, tratándonos peor que nosotros a los animales, a los que ponemos anillos o transmisores para controlar sus movimientos».

«¿Y si lo que cuentan los abducidos son historias creadas por sus mentes?», le pregunté. «Aún así, el asunto es importante», respondió. «En ese caso me intriga saber por qué se produce un contagio colectivo, con casos tan parecidos en todo el mundo». Al final de la entrevista, Rangel me desveló un detalle esclarecedor: «Los militares tienen un gran interés por los OVNIs, y sé que en el Hospital de la Aeronáutica en São Paulo se practican hipnosis regresivas con los abducidos, todo en medio de un gran secreto».

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