POLTERGEIST EN SEVILLA
Fenómenos extraños en el célebre barrio de la MacarenaPoltergeist en Sevilla Año/Cero.- Un solar en obras situado en el barrio sevillano de La Macarena se ha convertido en el epicentro de unos extraños fenómenos que atemorizan a las personas que trabajan allí. Sombras, ruidos extraños, objetos que se mueven solos... un cúmulo de sucesos inexplicables que parecen relacionados con varias muertes que ocurrieron en el lugar y que añaden más interrogantes a un inquietante asunto. AÑO/CERO ha investigado los hechos e incluso se ha convertido en protagonista de dichos fenómenos.
Extrañas muertes La obra se asienta en lo que durante dos siglos había sido un antiguo recinto religioso conocido como convento-hospicio de San Luis (o los Luises) y que ocupaba toda la manzana. El lugar y sus aledaños siempre ha tenido en Sevilla fama de estar encantado. Ya en la década de los 80, fueron famosas las visitas que hicieron los investigadores José Luis Hermida y Daniel Ortiz a las criptas existentes en el subsuelo de la iglesia. Actualmente nos han llegado algunas psicofonías obtenidas en este lugar, en cuyo análisis están trabajando los expertos del SEIP, Pedro Amorós y Pedro Fernández. Seguimos investigando, y supimos que en unos terrenos aledaños al lugar –bien conocido por uno de nosotros–, se encuentran unos restos arqueológicos pertenecientes a la antigua Hispalis romana. En ellos se descubrieron durante los años 80 los cadáveres de seis personas. Al parecer, este enclave había sido utilizado como lugar de enterramiento de una familia, y allí se encontró una tablilla en latín que contenía la siguiente leyenda: «No turbar la paz de este lugar». La noticia saltó a los rotativos locales de la época por «su valor histórico y arqueológico». Muchos creen que son los espectros de los allí enterrados los que no dejan vivir a los que hoy lo habitan... Pero la historia negra del lugar prosigue, y realizábamos nuevos descubrimientos a medida que avanzaba la investigación. En las cercanías también se han producido una serie de muertes, muchas de ellas –dicen algunos– inspiradas por la negatividad y el ambiente del lugar. En la década de los 90 se registraron tres suicidios en la zona, dos de ellos protagonizados por personas con graves depresiones, sobre las que no haremos comentarios por respeto a sus familiares. Sin embargo, si hemos de detenernos en la tercera de ellas: Manuel Cantelar. Nadie sabe qué le impulsó a quitarse la vida... Fue algo terrible. Manuel sacó su viejo machete, lo afiló concienzudamente y lo apoyó a la altura del corazón. A continuación se lanzó contra una pared de su casa y el fuerte impacto hizo el resto. Una muerte violenta que aún hoy –dos años después de los hechos– recuerdan los vecinos de la calle San Luis. A la crónica de esta zona sevillana hay que añadir el caso del «cadáver del baúl». El escenario fue la misma calle, muy cerca del lugar objeto de nuestra investigación. Cierto día, un acaudalado viajante sevillano desapareció. Sus vecinos pensaron que se trataba de uno de sus habituales viajes, pero al ver que el tiempo pasaba y no regresaba, se alarmaron y decidieron avisar a la policía. Cuando los agentes se personaron en el piso no hallaron nada anormal: la casa estaba en perfecto estado, la ropa ordenada en su sitio, y parecía que su dueño estaba de viaje. Al desalojar la vivienda, uno de los policías observó un viejo baúl. Cuando lo abrieron apareció el cuerpo sin vida y ya descompuesto de Pelayo Roldán... Como era de esperar, el rumor popular hizo de Pelayo un nuevo fantasma que explicaba los fenómenos de la calle San Luis. La cosa no termina ahí. Recientemente, los medios de comunicación sevillanos se hacían eco de la muerte a tiros de un súbdito francés en el lugar. Sin motivo aparente, y sin mediar un intento de robo, las balas acabaron con su vida... una más que añadir a la leyenda negra. ¿Fantasmas en el Teatro? Junto a la iglesia de San Luis se encuentran las instalaciones del Centro Andaluz de Teatro (CAT). Este recinto, que anteriormente perteneció al mismo conjunto de San Luis, es también escenario de fenómenos extraños que inquietan a profesores y alumnos. Muchos de ellos han sido testigos de ruidos y luces extrañas, apariciones e inexplicables movimientos de objetos. Al parecer, la mayor actividad se registra en un pasillo de unos doce metros de largo, en el cual existe una entrada a la cripta, franqueada por una sólida verja de hierro. La segunda zona «caliente» la encontramos en los pasadizos existentes en los vestuarios, que se comunicaban con el patio o aula de interpretación. Allí se han visto extrañas formas luminosas y se han oído lastimosos quejidos sin origen definido. Manuel Fernández, un alumno, nos contó su experiencia: «Era de noche, hacía frío y sólo quedábamos algunos ensayando. Yo iba desde el patio de la cafetería hacía la zona de vestuarios. Entonces me sacudió una ola de frío, y al fondo del pasillo pude ver una especie de humo que avanzaba hacia mí y me atravesó. Después todo volvió a la normalidad... fue algo muy extraño... lo pasé muy mal». El último foco conflictivo lo encontramos en una habitación con forma de capilla, utilizada para realizar los montajes. Este lugar, en el que se registran extraños ruidos, se halla decorado con cráneos y huesos humanos. Vigilantes de seguridad relataron a AÑO/CERO sus experiencias en el CAT: «No sé lo que hay allí, pero no es de este mundo... Los que cumplíamos servicio de noche en el edificio nos negábamos a trabajar solos. Aquello era de locos: ruidos extraños, llantos, fríos repentinos, risas... Bajar a la cripta era lo peor. Cada vez que se abría la puerta un quejido te helaba la sangre. Muchos estábamos muy nerviosos, y no era raro que a medianoche un compañero pidiera el relevo por no aguantar más». Por si fuera poco, acabamos por convertirnos en testigos de lo insólito. Mientras realizaba una conexión para el programa Milenio 3 de la Cadena Ser desde el lugar de los hechos, José Manuel García sufrió unas fiebres repentinas. Durante la noche tuvo unas terribles pesadillas en las que veía un rostro y una voz le repetía una y otra vez: «es sólo un aviso...». El hecho no habría pasado de algo anecdótico si no fuera porque días después recibía las fotografías de uno de los suicidas... Aquel era el rostro que había visto en sueños. |